
Después de un par de días en Milán, decidí que era hora de que los italianos probaran la tortilla de patatas. Por supuesto sólo cuatro afortunados, mis compañeros de piso. Cenamos en la terraza y tras una divertida y agradable charla sobre las fallas y la vida de los vecinos de enfrente (si, los italianos también son cotillas), dos de mis compañeros de piso me invitaron a ir con ellos y sus amigos a tomar algo...
Tras fregar los platos y adecentarnos un poco, bajamos en el ascensor y me dicen "vamos en bici, no te importa, no?" Resulta que tienen un trastero lleno de bicicletas, la golosina de cualquier erasmus!! La excursión en bici fue todo un regalo. Puede que por el día Milán sea una ciudad muy gris, (que a mi aún así me encanta) pero por la noche es increible, al menos a mi me cautivó. Fuimos por enormes avenidas iluminadas, los edificios de piedra eran más señoriales aún, y los parques y las lineas de tram tenían una nueva cara. En una de estas grandes avenidas pasamos por delante de una terraza, estaba situada bajo unos pilares de piedra enormes que formaban parte de un gran edificio, en ella había una fiesta de gente... cómo definirla..? Está bien, llamémosla cool. Y alrededor todo lleno de coches de lujo. Ver esto en cualquier otra parte me habría sorprendido, pero no se, era como parte ciudad, formaba parte del espectáculo! Y todo ello acompañado de explicaciones curiosas de la cuidad con acento italiano en una agradable
noche de verano. Sencillamente mágico.Cuando ya estábamos llegando empecé a ver un montón de gente en la acera de una de estas avenidas y detrás de una esquina una montañita que hacía las veces de parque, toda a rebosar de gente. Y yo me quedo pensando... "¿¿a tomar algo con unos amigos?? ¡¡Esto es un botellón en toda regla!!" Cuando se lo dije a uno de mis compañeros de piso, me contó que al principio la gente se reunía sólo arriba de la montañita, pero que en 4 años había derivado a todo el parque y parte de la calle llena de gente. No me pregunteis por qué, pero yo estoy segura de que en esa evolución han tenido mucho que ver los erasmus españoles.
Tras atar la bicis cruzamos la montañita, yo me sentía como si no hubiera visto nunca un botellón, mirándolo todo y analizando cada detalle. Allí me presentaron a sus amigos italianos y fuimos a tomar un cocktel, suena estraño pero, esque en Milán la gente es muy... "cool"!!!
Así que nada, pasé la velada con un cocktel en la mano y hablando una mezcla de español, valenciano e italiano que todo el mundo parecía entender. Pero a la hora de irse a casa nos aguardaba una sorpresa, una de las tres bicis se había pinchado!! Tras hacer un balance de la situación (ya que estabamos bastante lejos de casa) decidimos volvernos en bici. Uno de ellos y yo en una bici y el otro montado en otra bici y llevando la pinchada en la mano. Esto duró una larguísima avenida bastante dolorosa a la vez que divertida. Finalmente optamos por ir caminando cada uno con su bici y hablando de todo un poco... una noche inolvidable.


